MUJER RURAL Y SUS DESAFÍOS

MUJER RURAL Y SUS DESAFÍOS

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Por LIZET MARIA ROJAS ROVIRA* LIZZET ROJAS

Nacer y vivir en el campo es un privilegio al que no toda la humanidad tiene acceso, respirar el aire más puro, interactuar entre follajes y animales de todo tamaño, color y lenguaje, es reiniciarse en cada día en el esplendor de una vida rural de sabiduría sin fronteras.

Pero en medio de la maravilla que significa levantarse con el sol, conversar con la luna, las estrellas y hasta con la madre tierra, es más que un ejercicio repetitivo, coherente, lleno de amor, objetividad y de esperanzas inagotables la insalvable realidad de enfrentar a grandes dificultades de manera permanente.

En medio de la complejidad, de ese cosmos sin pausa, transcurre la vida de la mujer rural, esa que decidió erigir su proyecto de vida en un escenario lleno de enseñanzas, dulzura, y agresividad, al margen de la industrialización y la modernidad galopante. En tal sentido la mujer rural debe enfrentar entre otros a los siguientes desafíos:

CULTURA PATRIARCAL. Es sumamente notorio que la cultura patriarcal transversaliza todos los aspectos de la cotidianidad, de la mujer rural, estableciendo su techo de cristal que limita sin atenuante su libre desarrollo. Los últimos datos del Censo Nacional Agropecuario han puesto en cifras la magnitud de las brechas de género que también existen en el campo. Según la medición, en cerca del 60% del área rural dispersa del país los hombres toman las decisiones de producción sobre la tierra, que el DANE midió en Unidades Productoras Agropecuarias (UPA). La proporción para las mujeres fue el 24%. En el 16,5% de los casos las decisiones se toman entre ambos, lo que quiere decir que, en total, las mujeres forman parte de la toma de decisiones en el 40,5% del área rural productiva.

Aunque en el campo hay mayores obstáculos para que las mujeres accedan a la tierra, “porque históricamente no se ha pensado que la tierra es de las mujeres, sino de los hombres”, explica Adriana Benjumea, de la Corporación Humanas -Centro Regional de Derechos Humanos y Justicia de Género, al referirse a lo que ha ocurrido en procesos de restitución de tierras. “El concepto de ser propietaria, poseedora o explotadora no se ha entendido desde el orden judicial. Efectivamente cuando hay una pareja, los obstáculos se disminuyen, porque los operadores judiciales entienden más fácil la propiedad de los hombres que beneficia a su pareja”, agrega.

En 1997, la socióloga Magdalena León y Diana Deere, profesora de la Universidad de Massachusetts, analizaron el papel de la mujer en la reforma rural colombiana. Allí daban cuenta de que, si bien la Ley 135 de 1961 no discrimina en forma directa a la mujer, “en la política solamente una persona por hogar fue designada como beneficiaria y esta designación recayó sobre el hombre jefe del hogar”.

Asimismo, se dio prelación a los posibles beneficiarios que tenían mayor grado de educación y experiencia como agricultores. Estos factores llevaron a favorecer a los hombres jefes de hogar en oposición a las mujeres que tenían la misma posición.

Según Margarita Correa, vicepresidenta ejecutiva de Banca Mía, “para desarrollar actividades de cultivos que satisfacen las necesidades diarias en los hogares, por ejemplo, (las mujeres) buscan formas de financiación mucho más informales: familia, amigos, prestamistas”. Explica, además, que “en el caso de mujeres cabeza de hogar la poca disponibilidad de tiempo para desplazarse a los centros poblados para obtener información, unida a bajos niveles de escolaridad y la prevención ante lo desconocido, podría generar su autoexclusión del sistema”.

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CAMBIO CLIMÁTICO Y CALENTAMIENTO GLOBAL. Según opinión de mujeres de gran trayectoria por su experiencia en labrar la tierra, como Deyanira Molina, emprendedora mujer que desde los años 1970 siendo aún pequeña aprendió al oficio al lado de su papá, quien a ritmo de rancheras de Jorge Alfredo Jiménez, Cuco Sánchez y los tangos de Gardel, sembraba y cultivaba con la tranquilidad que le daban las parcelas de la región caribe de Colombia. Las épocas de lluvia y de verano se alternaban de manera armónica premiando al campesinado, en particular a la mujer rural, con las más prosperas y fructíferas cosechas de maíz, arroz, legumbres de todo tipo, actividad que alternaban con la cría de animales de corral, crías de cerdo y pequeña ganaderías, constituyendo una granja integral que ofrecía un relativo bienestar al campesinado.

Eran otros tiempos, dice Deyanira, con un dejo de nostalgia y desesperanza, sabíamos cuándo iba a llover y cuándo no, y cuál era el momento más propicio para la siembra. Gran parte de esta cosecha era comercializada en las mismas regiones y centros urbanos más cercanos y el resto era almacenado para el consumo familiar, permitiéndoles una vida llevadera a la mujer rural y su familia.

Hoy todo está desolado, el cambio climático o calentamiento global, hace estragos. Las sequian son inmanejables. La escasez de agua no solo impide cultivar el campo, sino que impide el mínimo sostenimiento de los animales. Quienes laboramos el campo solo sabemos que la tierra ya no produce. Los animales mueren de hambre, de sed o por las inundaciones. Es un gran desafío.

La naturaleza que había sido nuestra aliada por mucho tiempo ahora nos tiene empobrecidas.
La señora Aminta, una lideresa labradora de la tierra en el Caribe Colombiano, en más de cuarenta años, dice casi al borde del llanto: “los últimos años han sido terribles, el empobrecimiento que ha traído el recalentamiento global, no ha permitido cosechar el campo, y nuestros animales se han muerto. No sabemos cómo hemos sobrevivido”.

Los tiempos han cambiado, en los últimos años hemos vivido situaciones muy difícil, me tocó mal vender la tierra por razones del conflicto armado. Un día llegaron dos hombres preguntando por un vecino, luego que les indique cuál era su casa fueron y lo asesinaron. Ese hecho violento acabó con mi tranquilidad y con mi parcela, al poco tiempo y por temor a que volvieran, los mal vendí, quedando a pedir prestado o arrendar para poder cosechar.

AUSENCIA DE POLITICAS PÚBLICAS DIRIGIDA AL CAMPO
Alma Castro Saumet, reinsertada del Ejército Popular de Liberación, quien por quince años ha cosechado arroz, y quien en la actualidad es integrante del comité Intergremial del Departamento del Cesar, como presidenta de la cadena productiva del arroz, opina: “Uno de los grandes desafíos de la mujer rural es la ausencia de políticas públicas dirigidas a potencializar el trabajo en el campo. Por años la mujer rural ha enfrentado sola entre otras a la nefasta consecuencia del Tratado de Libre Comercio, la ausencia de asistencia técnica y tecnológica, la falta de vías de acceso, la falta de apoyo financiero efectivos para desarrollar sus cosechas”.

Igualmente es impactante la ausencia de oportunidades educativas, de recreación, deporte y cultura, violándoles de esa manera todos sus derechos constitucionales.

MUJER RURAL 3CÓMO DEVOLVER LA CONFIANZA EN EL CAMPO. Es sumamente preocupante ver cómo el campesinado pobre, particularmente la mujer rural, como consecuencia del conflicto armado, ha tenido que desplazarse y engrosar los cinturones de miseria de las grandes ciudades, donde además es presa fácil de la violencia sexual, de la explotación de todo tipo para ella y su familia. Sin duda el agobiante panorama del campo, ha conllevado a la desmotivación y el desinterés de los jóvenes por trabajar el campo. La desconfianza en el campo es generalizada. Es un indicador preocupante el hecho de que pocas personas hoy estudien agronomía, veterinaria u otras carreras técnicas relacionadas con el campo.

Son notorios y contundentes los desafíos que por años ha enfrentado la mujer rural, lo que hace sumamente necesario y oportuno la definición y aplicación de políticas públicas a su favor, donde se establezcan mesas de trabajo regionales, en los territorios, que aborden a profundidad los diferentes desafíos que hoy enfrenta la mujer rural, donde se establezca una clara y objetiva hoja de Ruta, que apunte a devolver el interés y la confianza de la gente hacia este sector, con programas de intervención integral, plenas garantías de seguridad, de tranquilidad, el desarrollo bioético y la seguridad alimentaria, dignificando el trabajo de la mujer rural.

* Notaria Única del Círculo de Galapa en Propiedad
© PhD Ciencias Políticas
Estudios de Alta Gerencia Universidad de los Andes
Estudios de Catastro Inmobiliario en Madrid España
Estudios de Catastro Inmobiliario en Bolivia.
Asesora y Consultora en Equidad de Género.
Autora del libro La Economía y su Incidencia en el Derecho.
Miembro de la Red Iberoamericana por Agendas de Genero

Bibliografía

  • Censo Nacional Agropecuario (2015) Informe de contexto del 3er Censo Nacional Agropecuario. DANE. Bogotá D.C. – Colombia.
  • Adriana Benjumea (2015). Desigualdad con rostro de mujer rural, resultados del Censo Nacional Agropecuario. El Espectador. Publicado en Derechos de las Mujeres. Bogotá D.C. – Colombia.
  • Margarita Correa (2015). Desigualdad con rostro de mujer rural, resultados del Censo Nacional Agropecuario. El Espectador. Bogotá D.C – Colombia.
  • Aminta Ojeda (2017). Entrevista realizada febrero 2017. Miembra de la Asociación de Mujeres Campesinas, indígenas y negras de Colombia- ANMUCIC. Galapa: Colombia.
  • Deyanira Molina (2017). Entrevista realizada febrero 2017. Presidenta departamental de la Asociación de Mujeres Campesinas, indígenas y negras de Colombia- ANMUCIC. Galapa: Colombia.
  • Alma Castro (2017). Entrevista realizada febrero 2017.Reinsertada del Ejército Popular de Liberación. Valledupar: Colombia

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