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SALUDO DE LA PRESIDENTA DE LA RED IBEROAMERICANA DE MUNICIPIOS POR LA IGUALDAD DE GÉNERO

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Queridas, amigas, amigos, asistentes, participantes….

Es para mi un gusto darles la bienvenida y conmemorar con ustedes una fecha como hoy, que en todo el mundo se refrenda el compromiso de los gobiernos y sociedades civilizadas para erradicar todas las formas de violencia en contra de las mujeres y las niñas.

Este día que nos recuerda el cruel asesinato de las tres hermanas Miraval: Minerva, Patria y Ma. Teresa, por parte del dictador Leónidas Trujillo en República Dominicana hace casi 60 años, es ocasión de una jornada mundial de activismo en todas las plazas del mundo, donde al menos dos, tres mujeres o decenas y  cientos de miles personas, están informando, concienciando, demandando, poner fin a toda práctica de violencia basada en el género.

El asesinato de estas tres ejemplares luchadoras sociales, guarda mucho paralelismo con los femincidios por el que mueren en contra de las mujeres.  Los agentes del gobierno, militares integrantes de la polírica política de la dictadura trujillista,  la privó primero de su libertad, las torturaron a palazos y para privarlas de la vida utilizaron pañuelos de seda para ahorcarlas. El crimen se produjo en una vivienda privada, donde se acallaron sus gritos de dolor y angustia y sus cuerpos fueron arrojados al fondo de un barranco para simular un accidente. 

La violencia en contra de las mujeres y las niñas es considerada una pandemia por la Organización Mundial de la Salud, mientras el Alto Comisionado de Naciones Unidas la identifica como la violación de los derechos humanos mas extendida y tolerada en el mundo. Según ONUCRI, en 2017 fueron asesinadas intencionalmente un total de 87,000. Más de la mitad (58% ó  equivalente a 137 cada día) fueron asesinados por un miembro de su propia familia. En 30% se trató de sus propias parejas. Mientras en las  Américas 6 mil de los 8 mil feminicidios fueron perpetrados a manos de pareja o ex pareja u otros miembros de la familia de las víctimas.

La violencia de género es una variante de la violencia estructural que afecta sobre todo a los grupos humanos más desfavorecidos. Puede ser directa, personalmente dirigida y con agresores precisos, o indirecta, impersonal, simbólica y sin agresores precisos, pero en ambos casos está basada en la segregación de los hombres y las mujeres y resultado de la discriminación sistemática que valora de manera desigual a las personas según su género, estableciendo un jerarquía de puestos, poder, recursos y capacidad para tomar decisiones donde las mujeres y las niñas están en los escalones mas bajos.

El crecimiento de feminicidios, femicidios, violación, acoso, maltrato, ejecución, violencia política, ciberviolencia y otros modos de letalidad ejercida en contra de las mujeres y niñas, se nutre de la invisibilidad, la ignorancia, el ocultamiento y aún, la tolerancia de estos delitos y la violación de los derechos las víctimas, por parte de autoridades y gobiernos de aquí y acullá, con la intención de tapar con un dedo la impudicia cometida sobre las víctimas sacrificiales de estas venganzas de género. 

Por esta razón eliminar la violencia que en todas sus modalidades entorpece y anula los derechos de las mujeres es este un tema crucial en la Agenda por la Igualdad de Género que impulsamos desde la Red Iberoamericana de Municipios por la Igualdad.  Reconocemos que los gobiernos locales son el espacio para transformar el sustrato social que cimenta la discriminación de género, promoviendo la participación política, el empoderamiento y la seguridad de las mujeres en los espacios e instancias públicas, comunitarias, barriales. 

Estamos seguras de que nuestra participación en cargos municipales, cabildos, alcaldías, sindicaturas y órganos de representación de los gobiernos locales, puede hacer el cambio que empate el empuje de la movilización femenina que vive hoy nuestra región iberoamericana, con la respuesta gubernamental que desde las calles se exige.

Un saludo sororario

                                                                  Teresa Incháustegui